En casa de los abuelos se come a las dos de la tarde. Llueva, truene o relampaguee, a la 1:59 pm todos deben estar sentados en el comedor con las manos limpias y dispuestos a comer hasta la última cucharada de comida. Eso lo sabe de sobra la pequeña Adriana, que cada jueves queda al cuidado de sus abuelos después de la escuela. El ritual siempre es el mismo: 1:50 pm y Doña Eva anuncia a todos los presentes que se preparen para comer. Adriana cierra la enciclopedia en la que hasta hace unos momentos estaba absorta y la pone sobre la mesita de la sala de estar. Se dirige al baño y se lava las manos con jabón de lavanda y agua para después, secarlas pacientemente con la toalla; cierra la puerta y baja los dos escalones que dan al zaguán de la casa de los abuelos, mismo que está atiborrado de macetas coloridas que resguardan las plantas sagradas de Doña Eva: rosales, suculentas, begonias, petunias, geranios, helechos, hortensias y muchas más que le otorgan a esa parte de la casa un aura ...