Ir al contenido principal

La hora de la estrella. Clarice Lispector.

 Clarice Lispector. 

Hace poco escuché una palabra con la cual me he obsesionado: “Fanopea”. Tomando la definición de mi maestro del curso de poesía al que todavía asisto virtualmente, la fanopea es la codificación mental de la poesía; es la traducción de la palabra en la imagen mental/emocional; esta cualidad de la poesía, el convertir la palabra en imagen y en sentimiento para el lector, le otorga un significado al texto. Cuando escuché este concepto, sin mediación de tiempo, enlisté en mi mente algunos escritores que habían logrado, a través de la palabra, remover mis emociones y crear un torbellino que tarda tiempo en apaciguarse.


La primera en aparecer en esa lista es Clarice Lispector. Los motivos son varios: este año me he acercado más a su obra a través de sus cuentos y de dos novelas “Un soplo de vida” y “La hora de la estrella”, siendo este último título el que hoy les comparto. El segundo motivo y no menos importante se relaciona con el estilo de la escritora, difícil de encasillar y criticado por ser “intrincado” y “poco comprensible”. Lispector no escribía hechos, escribía sensaciones y además de esto, escribía para sí misma. A Clarice no solo hay que leerla, hay que sentirla, hay que abandonarse a sus palabras y dejar que las emociones nos desborden y nos marquen; hay que vivir la fanopea de la mano de Lispector.




“La hora de la estrella”, el libro que hoy les comparto, es una historia dentro de otra historia. Rodrigo S.M. es un narrador que lucha por escribir la vida de Macabea, una joven norestina de Río de Janeiro que a simple vista no tiene nada atractivo: es insípida física, mental y emocionalmente y su vida, según su narrador, no es digna de ser contada. De su suerte, ni hablamos y su destino no pinta muy brillante que digamos. Es una mujer inocente, ingenua y con poca salud que vive sin emociones, sin esperanza ni ambiciones. En algún momento el narrador, el “Dios” que le otorga vida a Macabea a través de su tintero, la describe como un “Café frío”, adjetivo que plasma en su totalidad y en su falta de complejidad a nuestra inocente protagonista que ignora la magnitud de su miseria.

Digamos que Macabea no tiene planes, no tiene ambiciones y de las pocas cosas que disfruta es escuchar la radio y aprender palabras de las cuales desconoce su significado. Su vida adquiere un poco de emoción cuando conoce a Olímpico de Jesús Moreira Chaves, todo un personaje que contrasta con nuestra opaca protagonista y que al poco tiempo de coincidir en la historia, se hacen novios.  Pero a pesar de esa breve luz que parece iluminar con un poco de suerte su destino, su vida no cambia. La insipidez de Macabea es algo que forma parte de su esencia, es una mujer plana porque le falta contornearse con el mundo y es consciente de que algo le falta para sentirse real, parte de sí misma.

Ah, Macabea, ¿en algún momento la suerte tocará a tu puerta? ¿En algún momento encontrarás el sentido de tu existencia y pasaras a ser algo más allá que un personaje triste, gris, que pasa de la mente de un escritor al tintero y de este al papel? ¿Cuándo llegará el momento en que explotes en risas o llanto, en que te sientas viva, en que te des sin reservas a las emociones?

La obra parece corta y sencilla, nada menos que 96 páginas en la edición de Siruela; pero recuerden que con Lispector esas unidades de medida simplemente carecen de validez. Lo sustancial está en sus palabras: en lo simple está lo sublime y en lo insignificante, la belleza.



    Retrato de Clarice Lispector por Hugo Enio Braz, artista brasileño.

Hay un punto que quisiera resaltar antes de pasar a mis fragmentos favoritos de la novela y que es importante mencionarlo ya que le brinda un contexto misterioso a la misma:

El título de la obra “La hora de la estrella” hace referencia al momento en que el personaje principal “brilla” a pesar de la opacidad en su vida. En ese momento, el título adquiere un significado en relación a la novela y ocurre algo que los lectores podríamos calificar como un ¡eureka!: “Oh, es por esto que el libro se llama de tal manera”.

Por otro lado — y este es un dato que prometo tiene justificación a pesar de lo irrelevante que pueda parecer el sacarlo a flote en este momento— las estrellas, esos astros que vemos tan lejanos en el manto negro del cielo cuando cae la noche, brillan más al momento de su muerte.

Ahora, algo que me deja pensando en torno al título de la novela y la belleza que puede haber en la muerte de una estrella, es que de alguna manera “La hora de la estrella” puede ser el vaticinio de la muerte de la autora, ya que dicha obra es la última novela publicada en vida por Lispector en 1977. ¿Será que la historia de Macabea es ese brillo que nos deja Lispector antes de apagarse como una estrella, antes de pasar a la inmortalidad de sus palabras?

Clarice Lispector no deja de sorprenderme con su obra, su estrella sigue brillando en mi librero.

 

Les comparto algunos fragmentos que se ganaron el resaltador de página:

“Y…, no olvidar que la estructura del átomo no se ve, pero se conoce. Sé muchas cosas que no he visto. Y ustedes también. No se puede presentar una prueba de la existencia de lo que es más verdadero, lo bueno es creer. Creer llorando.”

“Sí, mi fuerza está en la soledad. No temo ni a las lluvias intempestivas ni a los grandes vientos desatados, porque yo también soy la oscuridad de la noche.”

“Por fortuna, lo que voy a escribir ya debe estar, sin duda, escrito en mí. Tengo que copiarme con una delicadeza de mariposa blanca”

“Estoy sola en el mundo y no creo en nadie, todos mienten, a veces hasta en la hora del amor, yo no veo que una persona hable con la otra, la verdad solo me llega cuando estoy sola.”

“Tan viva estaba que se movió con lentitud y acomodó el cuerpo en posición fetal. Grotesca como había sido siempre. Aquella resistencia a ceder, pero esa voluntad de un abrazo. Se abrazaba a sí misma con la voluntad de una dulce nada. Era una maldita y no lo sabía. Se agarraba a un hilillo de consciencia y se repetía mentalmente, sin cesar: yo soy, yo soy, yo soy. Quién era es lo que no sabía. En su propio hondo y negro núcleo había ido a buscar el soplo de vida que Dios nos da.”

  

Comentarios

Entradas populares de este blog

Amo y señor de mis palabras. Fernando del Paso.

Hace casi un mes que falleció uno de los máximos representantes de las letras mexicanas y uno de mis escritores favoritos. Recuerdo que cuando me enteré de la noticia pasé de la sorpresa a la incredulidad y después a la tristeza. Casi de inmediato la nostalgia me invadió y recordé cómo Don Fernando marcó mi vida con obras como “Palinuro de México” y “Noticias del Imperio” , esta última leída a inicios de este año, por lo tanto, aún me persiguen Carlota y sus monólogos; una vez que se entra al mundo de Don Fernando del Paso, no es tan fácil escapar de la magia de sus palabras y queda esa inquietud de volver a ellas, aunque sea sólo hojeando y releyendo las partes que más provocan conmoción. Entonces, recordé que no hace mucho tiempo en una de esas visitas “de doctor” a la librería de mi ciudad (ajá, ni yo me la creo) en una mesa de liquidación, me topé con varios títulos interesantes, uno de ellos: “Amo y señor de mis palabras” de Don Fernando, y obvio no lo pude dejar, a...

Amor y conquista, Marisol Martín del Campo.

De un tiempo para acá la novela histórica ha tomado protagonismo en mis lecturas, curiosamente de manera involuntaria. Hace meses que leí el libro que hoy reseño, es otro de los libros que tienen una historia muy independiente a la que me contaron sus páginas y que marcó un antes y un después de su lectura en mi vida. "Amor y conquista" es un libro muy especial en mi librero, la manera en la que llegó a mis manos y lo mucho que me enseñó con su lectura y con los comentarios que intercambié con aquella persona que me acercó a Martín del Campo hicieron que reflexionara acerca de que mientras más conozco, más ignoro; es como si mi mundo se hiciera cada vez más grande, sorprendente y misterioso y me llama a adentrarme en temas que, hace un año, no eran de mi interés. Marisol Martín del Campo recrea la vida de un personaje polémico,  segregado, mal interpretado en la  historia  y  pieza clave en la Conquista de México: “Malinalli” o “Doña Marina”, e...