Ir al contenido principal

El desasosiego en el óleo.



Obra: "El espejo de Venus", Burne-Jones.


En una galería de arte en Lisboa, espera apacible, una pintura a ser admirada. Muchos ojos se han postrado ante ella, admirando la belleza y sutileza con la que el pintor plasmó a nueve mujeres que rodean a la deidad del amor, las mortales se miran en un pequeño estanque y parecen absortas en su belleza fugaz que refleja el agua cristalina; sin embargo, una de ellas, la que se encuentra justo en medio del cuadro y que parece que su atención se dirige hacia el reflejo de su mirada, desentona del grupo no en presencia, sino en alma.

Ah, porque las pinturas tienen alma, y algunas son tan orgullosas y engreídas que sólo se dignan a posar para ser observadas por aquellos que acuden a admirarlas; pero aquella pequeña dama hincada, utiliza el espejo que le regala el agua para ver más allá del cuadro. No lo dice, no lo externa por temor a que sus compañeras la juzguen como imprudente: “Las pinturas están hechas para admirarse, no para mirar la vida banal del mortal” habrían argumentado.

Después de décadas de observar discretamente los ojos que la miran, de tratar de ver el alma de las miradas que se posan en el óleo que la aprisiona –mismas que han sido fortuitas, críticas o intencionales, tratando de descifrar el enigma de la inmortalidad del pintor— sólo unos ojos no han pasado por alto, profundos y enigmáticos que al mirarlos, incluso a través del reflejo del agua clara y de los cristales de los lentes del espectador, transmitían toda clase de emociones. ¡Qué maravilloso hombre, aquél que transmite a una obra de arte aquello que esta última pretende evocar!

Aquel hombre tenía más de una semana acudiendo sólo para admirar la pintura, se sentaba en un banco destinado al descanso de los turistas justo frente a la obra de Burne-Jones durante una hora. Una semana había sido suficiente para que aquello se convirtiera en un ritual, no para el misterioso visitante (vaya uno a saberlo) sino para el personaje del óleo que, ensimismada en descubrir los misterios que su admirador escondía detrás de sus gafas, desviaba su mirada sin reparos del agua, intentando eliminar una de las barreras que la alejaban de su propósito, para después, despavorida, volver a bajarla para no ser descubierta en su imprudencia.

Hasta que un día, aquel hombre hermético no apareció más ante la obra, dejando a la mujer que se hinca ante el estanque, con la duda en la mirada. Ella aún no se explica qué es eso que quema en el pecho cuando a su mente viene la imagen del hombre que se reflejaba en el agua ¿Qué nombre darle a aquél vacío que dejó el espectador tras su partida? La ausencia de aquél visitante que le transmitía toda clase de sensaciones provocó que la dama nunca levantara más su mirada para observar el paisaje que el exterior le ofrece y que le provoca al mirarlo, un desasosiego que sólo el recuerdo logra mitigar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Amo y señor de mis palabras. Fernando del Paso.

Hace casi un mes que falleció uno de los máximos representantes de las letras mexicanas y uno de mis escritores favoritos. Recuerdo que cuando me enteré de la noticia pasé de la sorpresa a la incredulidad y después a la tristeza. Casi de inmediato la nostalgia me invadió y recordé cómo Don Fernando marcó mi vida con obras como “Palinuro de México” y “Noticias del Imperio” , esta última leída a inicios de este año, por lo tanto, aún me persiguen Carlota y sus monólogos; una vez que se entra al mundo de Don Fernando del Paso, no es tan fácil escapar de la magia de sus palabras y queda esa inquietud de volver a ellas, aunque sea sólo hojeando y releyendo las partes que más provocan conmoción. Entonces, recordé que no hace mucho tiempo en una de esas visitas “de doctor” a la librería de mi ciudad (ajá, ni yo me la creo) en una mesa de liquidación, me topé con varios títulos interesantes, uno de ellos: “Amo y señor de mis palabras” de Don Fernando, y obvio no lo pude dejar, a...

Amor y conquista, Marisol Martín del Campo.

De un tiempo para acá la novela histórica ha tomado protagonismo en mis lecturas, curiosamente de manera involuntaria. Hace meses que leí el libro que hoy reseño, es otro de los libros que tienen una historia muy independiente a la que me contaron sus páginas y que marcó un antes y un después de su lectura en mi vida. "Amor y conquista" es un libro muy especial en mi librero, la manera en la que llegó a mis manos y lo mucho que me enseñó con su lectura y con los comentarios que intercambié con aquella persona que me acercó a Martín del Campo hicieron que reflexionara acerca de que mientras más conozco, más ignoro; es como si mi mundo se hiciera cada vez más grande, sorprendente y misterioso y me llama a adentrarme en temas que, hace un año, no eran de mi interés. Marisol Martín del Campo recrea la vida de un personaje polémico,  segregado, mal interpretado en la  historia  y  pieza clave en la Conquista de México: “Malinalli” o “Doña Marina”, e...

La hora de la estrella. Clarice Lispector.

 Clarice Lispector.  Hace poco escuché una palabra con la cual me he obsesionado: “Fanopea” . Tomando la definición de mi maestro del curso de poesía al que todavía asisto virtualmente, la fanopea es la codificación mental de la poesía; es la traducción de la palabra en la imagen mental/emocional; esta cualidad de la poesía, el convertir la palabra en imagen y en sentimiento para el lector, le otorga un significado al texto. Cuando escuché este concepto, sin mediación de tiempo, enlisté en mi mente algunos escritores que habían logrado, a través de la palabra, remover mis emociones y crear un torbellino que tarda tiempo en apaciguarse. La primera en aparecer en esa lista es Clarice Lispector. Los motivos son varios: este año me he acercado más a su obra a través de sus cuentos y de dos novelas “Un soplo de vida” y “La hora de la estrella” , siendo este último título el que hoy les comparto. El segundo motivo y no menos importante se relaciona con el estilo de la escri...