
Querido David Foenkinos:
Usted no me conoce, pero yo apostaría a que sí.
¿Por qué me aventuro a tan atrevida afirmación? Porque sabe cómo tocar las fibras más sensibles de mí con sus palabras, sabe cómo arrancar pequeños mares de lágrimas que caen sobre las páginas de sus libros, mismos que se sienten como un abrazo lleno de nostalgia.
Le ruego disculpe el atrevimiento y la confianza con la que me atrevo a escribirle. Debo confesar que lo que comenzó con un intento de reseña de mi más reciente lectura: "Charlotte", se tornó en algo más íntimo para mí, y esto se debe que lo que tengo que decir, bien es cierto tiene la intención de motivar a las pocas personas que me leen a que le conozcan, es intentar acercarme, en símbolo de agradecimiento, a alguien que como muchos otros escritores, marcaron mi vida de lectora.
Con usted, tengo una relación lector-escritor de ya tres libros, misma que data del 2020. Una amiga en un club de lectura le presentó ante todos y le manifestó tan especial, que a varios de los presentes en aquella reunión nos despertó el interés de leerle.
Me atreví a buscarle en las librerías escondidas de la capital zacatecana, y mi primer acercamiento a su obra fue con "Hacia la belleza". Recuerdo que el libro no me duró más de dos días -¡dos días!-, y devoré sus páginas con un hambre que no sentía desde hace muchas lecturas - sin demeritar las anteriores, claro- y a partir de entonces, se convirtió en uno de mis escritores apapachados en el librero.
Me fascina lo que hace con el arte: cómo lo fusiona con la historia que narra; cómo envuelve al lector en cada uno de tus escenarios, en cada pasillo de los museos que describe. Sabe mantener al espectador de sus palabras al filo de la hoja, encariñándose con los personajes, frustrándose por lo trágico de su destino y arrancándole lágrimas y suspiros.
En cuanto a Charlotte, el libro que me tiene aquí escribiéndole, no deja de perseguirme aun después de tiempo de haber culminado su lectura. Le platico que últimamente me he visto marcada por el poder femenino, mujeres como Marie Curie, Gerda Taro, Anaïs Nin o Émile du Châtelet, por mencionar solo a algunas, han influido enormemente en mi vida. Al leer la historia de Charlotte Salomon, lo trágico de la historia que la precede y que pudiese ser un presagio a su prematura muerte, además de impactarme, me marcó.
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El escenario en que se desenvuelve la historia, ya conocido en demasía, no deja de impactarme. El Holocausto es una de las épocas más trágicas en la historia de la humanidad y muy a pesar de ello, dio brotes de belleza con historias como la de una pintora alemana de origen judío que decidió contar su historia a travez de la pintura. Dos años y al rededor de ochocientas pinturas son la muestra tangible de la inmortalidad.
Mi muy estimado Foenkinos, ocho años le llevó escribir este libro, y tal vez pequé de insaciable al leerme esos mismos ocho años en dos semanas, pero le aseguro que lo que usted dejó en mi corazón con esta obra, me durará toda la vida.
Gracias, Foenkinos, por presentarme a Charlotte; por despertar en mí el gusanito de la curiosidad, ese que me motivó a buscar y conocer su obra, que me hizo investigar más acerca de su vida, que me hizo querer a Charlotte, tal vez, un poquito de lo que usted le quiso. Y gracias, también, por otra deliciosa lectura.
Nos leemos otra vez, en otro libro, en otra historia.
Saludos y abrazos sinceros.
Adriana.

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