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La conjura de los necios, John Kennedy Toole.


"Lo aprendiste todo Ignatius, todo, 

salvo cómo debe comportarse un ser humano".




    Imaginen un protagonista literario que es ingenioso y audaz (le concederé esos atributos), pero que también alberga dentro de sí todo lo grotesco, insensible, patético y odioso que un ser humano puede ser. Ese es Ignatius Reilly, un gordo treintón que aun vive y depende de su madre y que pasa los días metido en un mundo imaginario donde se cree "El mesías", "El político salvador de la decadencia humana", un ser superior que señala, juzga y se siente con el poder de ver con prepotencia a todo el que le rodea. 

    "La conjura de los necios" narra los días de un hombre que es la clara imagen del patetismo y que por azares del destino se ve obligado a buscar trabajo para apoyar con las deudas a su madre.  Con Nueva Orleans de fondo, Ignatius, en su pedestal y altar creado por él mismo y reforzado por su madre, da pie situaciones tan absurdas, divertidas e irritantes que son imposibles de imaginar en la vida real. Es un ser que siempre se mete en problemas, miente y crea en su mente planes tan chiflados que es más que obvio que todo le sale mal, y cuando piensas que no puede hacer algo tan bajo, el personaje se supera. 

    Pero Ignatius no puede hacer honor a su papel en la novela sin los personajes secundarios que lo rodean, mismos que tienen a mi ojo de lectora, una voz definida y un desarrollo interesante, tal es el caso de la madre del protagonista. Si bien la Sra Reilly comienza como un personaje débil, a la merced de su extravagante y vividor hijo, al final de la novela adquiere determinación, transmite hartazgo hacia los problemas que Ignatius desata a partir de su imprudencia y maldad; la decisión tomada por la mujer hojas antes de terminar el libro transmite firmeza, resignación y cansancio, siempre con el amor intacto hacia su gran glotón. Es imposible pensar: ¿Cómo puedes amar algo tan grotesco y tan malo? me queda claro que el amor de la Sra Reilly hacia Ignatius es muy, muy grande. 

    Por otro lado, tenemos un policía encubierto que busca, sin mucha suerte, impresionar a su jefe; un hombre negro que, evitando ser encarcelado por la falta de empleo, termina trabajando en un bar por menos del salario mínimo y sufriendo los abusos de su jefa, que además de estafar a sus clientes, está involucrada en un negocio tan oscuro y sucio como su bar; un gerente comprometido con su trabajo en "Levy Pants" una empresa que se encuentra decadencia, este hombre lidia con las ventas bajas, la falta de personal y con una mujer mayor que ansía jubilarse, misma que ve su sueño frustrado por las extravagancias de la esposa millonaria del dueño de la fábrica, el "mero, mero" que vive en total desconexión de su herencia, matrimonio y propósito en la vida, o la exnovia de nuestro personaje principal, tan extravagante y obsesionada en salvar a Ignatius de su propia decadencia. Estos, son solo algunos personajes que en algún momento, tendrán que lidiar con las ocurrencias de Ignatius, pagar las consecuencias de las mismas y sobrellevar la ola de incertidumbre que tal personaje desata. 

    El libro es fácil de leer, áspero, divertido y triste. El contexto de la novela y del autor no hacen más que acentuar ese último sentimiento tras mi lectura, ya que Kennedy Toole no logró ver publicada "La conjura de los necios"; tras presentar la novela a una editorial y ser rechazada, el autor, sintiendo una gran frustración, cayó en una profunda depresión y en el alcoholismo, llevándolo al suicidio en 1969. Su madre, con persistencia, logró  su publicación en 1980, un año después, le otorgaron al autor de manera póstuma, el premio Pullitzer.

    "La conjetura de los necios" no es un libro para todos, eso me queda claro. Desde mi experiencia, disfruté mucho cada página y me encontré con opiniones encontradas respecto al personaje y la trama. A final de cuentas, cada lector tiene la última palabra: solo leyendo la obra de Kennedy Toole podemos saber si Ignatius, a pesar de ser Ignatius, merece la atención y el tiempo que se le dedica al disfrute de la literatura. Me quedo con una grata experiencia, muchas carcajadas y un vacío al no poder saber qué más fue de un personaje que, a pesar de ser como es, logró encariñarme. 


Como siempre, lees dejo un par de notas que destaqué de mi lectura.

Ignatius percibió que algunos atuendos eran lo bastante nuevos y lo bastante caros como para ser considerados sin duda ofensas al buen gusto y la decencia. La posesión e algo nuevo o caro sólo reflejaba la falta de teología y de geometría de una persona. Podría proyectar incluso dudas sobre el alma del mismo sujeto." 

"…pues sólo me relaciono con mis iguales, y como no tengo iguales, no me relaciono con nadie.”



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