Alrededor del siglo III en Hunan, una provincia de China, nace el único sistema de escritura creado y usado por mujeres: el “Nü shu”. Durante siglos, el Nü shu se transmitió de generación en generación como un secreto entre mujeres y como una vía de escape al aislamiento impuesto en sus hogares, permitiendo la comunicación entre ellas, fortaleciendo sus lazos y eludiendo la dominación masculina a la que su cultura las sometía. A través de este sistema, se escribían cartas, canciones, poemas o autobiografías en abanicos, bordados y otros objetos que se convertían en el testimonio de sus sueños, temores y sufrimientos. Al morir, estos escritos se quemaban para que sus palabras y sus secretos las acompañaran al más allá.
“El abanico de seda” de Lisa See es una novela que se inspira en el Nü shu. Con elocuencia y un increíble poder narrativo, la autora nos sumerge hasta la antigua China donde ser mujer es sinónimo de sacrificio, servicio y renuncia. A lo largo de la novela, conocemos a Lirio Blanco, una niña de siete años, hija de una familia humilde de campesinos. Su vida da un giro cuando es hermanada con Flor de Nieve, una joven de ascendencia superior que vive en un pueblo lejano. A través de un contrato voluntario y las hábiles tácticas de una casamentera con excelente reputación, ambas niñas se convierten en Laotong, un vínculo más sagrado y profundo que el matrimonio y que duraba toda la vida.
Para Lirio Blanco y Flor de Nieve el Nü shu es clave en su relación. A lo largo de su vida, aprenden mutuamente a comunicarse entre ellas mediante el mismo, compartiendo sus pensamientos más íntimos y enfrentado las penalidades del matrimonio y la maternidad. Sin embargo, un error en la interpretación de uno de los mensajes amenaza con truncar su profunda amistad. La novela explora temas como el amor, el sufrimiento femenino y las tradiciones ancestrales chinas.
Con el transcurrir de las páginas, no solo somos testigos de la conmovedora historia de la protagonista, que, por cierto, es narrada en primera persona, sino también de rituales y tradiciones a las que las mujeres eran sometidas desde muy pequeñas como el vendado de pies, un proceso muy doloroso mediante el cual, se esperaba que las pequeñas lograran pies perfectos y tan pequeños que medían hasta 7 cm de largo. Con esto, las mujeres no solo aseguraban su belleza sino también, una mejor posición social al momento de conseguir marido.
Híjole, hace mucho que un libro no me movía tanto; es hermoso, pero sumamente cruel y triste. El poder que tiene la pluma de See en esta novela y la ardua investigación que realizó para retratar a detalle una cultura tan mística y desconocida es impresionante. En el año 2002, la autora viajó hasta Hunan para estudiarlo y recabar testimonios como los de Yang Huanyi (1909 – 2004), última mujer practicante del Nü shu. A raíz de las experiencias vividas en ese viaje, concibe esta novela conmovedora, triste y sin duda, una de las pocas que han tocado las fibras más sensibles de mi alma.
Como siempre, les dejo mis notas guardadas:
“Ahora solo me interesa el pasado. Después de tanto tiempo, por fin puedo decir lo que debía callar cuando era niña y dependía de los cuidados de mi familia, o más tarde, cuando pasé a depender de la familia de mi esposo. Tengo toda una vida por contar; ya no tengo nada que perder y pocos a los que ofender.”
“Mi única rebelión llegó con el Nü shu, la escritura secreta de las mujeres”
“Tanto si eres rico como si eres pobre, emperador o esclavo, la espera doméstica pertenece a las mujeres y la esfera exterior a los hombres. Las mujeres no deben salir de sus recámaras interiores ni siquiera mediante la imaginación. Entendía asimismo los dos ideales confucianos que gobernaban nuestra vida. El primero lo formaban las tres obediencias: << Cuando seas niña, obedece a tu padre; cuando seas esposa, obedece a tu esposo; cuando seas viuda, obedece a tu hijo>>”.
“El Nü shu era un medio por el que nuestros pies vendados podían acercarnos unas a otras, por el que nuestros pensamientos podían sobrevolar los campos, como había escrito flor de nieve. Los hombres de nuestras casas no concebían que nosotras pudiéramos tener algo importante que decir. No imaginaban que pudiéramos tener emociones ni expresar ideas creativas. Las mujeres – nuestras suegras y demás – levantaban bloqueos aún mayores para protegerse de nosotras. Sin embargo, a partir de ese momento confié en que Flor de Nueve y yo escribiéramos la verdad acerca de nuestras vidas, tanto si estábamos juntas como separadas.”
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