Desde que leí "Ensayo sobre la ceguera" Saramago me enamoró con su estilo y con el mensaje que pretende transmitir en cada una de sus obras. Cada año se suman a mi librero títulos del autor que algún día tendrán su turno de ser leídos o releídos, ya que cada vez que regreso a sus páginas, Saramago tiene algo nuevo que compartirme. Ahora fue el turno de "Ensayo sobre la lucidez", mismo que ya tenía tiempo esperando en el librero; llegué a dicho título hace años gracias a la recomendación de un buen amigo que está activo en prácticas políticas, recuerdo que cuando me platicó de la trama y la relación que tiene con el primer libro que leí del autor, mencionado líneas antes, no dudé en comprarlo.
Estamos sin duda, ante otra gran obra de Saramago. "Ensayo sobre la lucidez" es una novela que centra su trama en el ejercicio indebido de la política, misma que
comienza después de que la ciudadanía de un país sin nombre – mismo escenario
de "Ensayo sobre la ceguera"— haga
escuchar de forma pacífica a través del voto blanco su postura sobre el gobierno
y los partidos políticos que ostentan al poder. Los gobernantes, desconcertados
y temerosos de perder la legitimidad de su autoridad y el ejercicio de la
democracia (según su forma de ejercerla) emprenden acciones para hacer entrar
en razón a la ciudadanía, mismas que en un principio rayan en lo ridículo para
después, paulatinamente, llegar al extremo de buscar chivos expiatorios o
asesinar inocentes para poder proteger el teatro bien elaborado de “pueblo
democrático”. Lo interesante es cómo
reacciona la ciudadanía ante dichas medidas de una forma solidaria, sin
violencia y con una convicción inalterable respecto a su postura con el actual
gobierno.
También nos reencontramos con
los personajes principales de “Ensayo sobre la ceguera”, mismos que fungen un
papel trascendente en la trama y aunque no es necesario leerla previamente, sí recomiendo
hacerlo para poder disfrutar y comprender la crítica y la postura de Saramago ante los contextos sociales y políticos (mismas que no pierden vigencia al pasar los años). Además y como todas sus obras, toca fibras sensibles del lector y nos invita a cuestionarnos y a reflexionar sobre el presente y los posibles escenarios futuros respecto al entorno en el que nos desenvolvemos y las consecuencias de nuestros actos.
Saramago me deja con este libro, además de un muy buen sabor de boca, dos preguntas que siguen rondando en mi mente: ¿Hasta dónde son capaces los gobernantes de aparentar que ejercen la democracia para conservar el poder? y ¿Hasta dónde estamos dispuestos como ciudadanos a entrar en la espiral del silencio, por temor a represalias?
Les dejo algunas frases de la
novela:
[…] la carga es pesada, nada
menos que una bolsa de plástico abarrotada de palabras, más fácil sería llevar
el mundo a las espaldas.
Actuaba con concentración para
mantener los pensamientos a distancia, para dejarlos pasar sólo de uno en uno,
después de haberles preguntado qué llevaban dentro, es que con los pensamientos
todo cuidado es poco, algunos se nos presentan con un aire de inocencia
hipócrita, y luego, pero ya demasiado tarde, manifiestan lo malvados que son.
[…] las verdades hay que
repetirlas mucha veces para que no caigan, pobres de ellas, en el olvido.
La experiencia me ha enseñado
que los hijos de puta peores son los que no tienen el aspecto de serlo.
Los momentos perfectos, sobre
todo cuando rozan lo sublime, tienen el gravísimo contra de su corta duración,
lo que, por obvio, podríamos no comentar de no darse la circunstancia de
existir una contrariedad mayor, como es la de no saber qué hacer después.
Es interesante cómo nos
pasamos todos los días de la vida despidiéndonos, diciendo y oyendo decir hasta
mañana, y, fatalmente, en uno de esos días, el que fue el último para alguien,
o ya no está aquél al quien se lo dijimos, o ya no estamos nosotros que lo
habíamos dicho.


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