Conocí a Fernando del Paso con “Palinuro de México”, novela que me encantó y colocó a Don Fernando en la lista de mis autores favoritos. Haciendo memoria, parece que me encontrara en la misma situación con Palinuro, se hace evidente, nuevamente, un bloqueo al querer escribir la reseña; es algo que me impide expresar lo que me dejó la novela que hoy reseño. Quiero hacer justicia a su obra sin caer en la adulación y espero que las siguientes líneas cumplan con mi cometido.
En “Noticias del imperio” Don Fernando hace magia con las palabras: mezcló la historia, su genialidad literaria, años de investigación y apuesto a que también su corazón, dando como resultado una novela histórica que recrea el breve reinado de Maximiliano y Carlota en México.
Ver desde otro enfoque la historia mexicana (más allá de los libros de texto de primaria o secundaria) y hacerlo a través de las palabras de Don Fernando, es una gran experiencia; la magia del pasado se hace evidente en sus líneas, mostrando un pedacito de la rica historia mexicana. Del Paso nos transporta al trágico episodio del emperador que quería ver a México brillar y de su emperatriz, aquella que se volvió loca.
María Carlota de Bélgica, a sus 68 años, con el castillo de Bouchout como fondo, nos introduce a la historia con momentos de locura y lucidez. La emperatriz, es solo una de las tantas voces que Don Fernando nos regala en esta obra, y es que el autor juega con los estilos de narración, con las voces de los personajes en cada capítulo de una forma admirable, reflejando claramente la esencia de los archiduques, del presidente Juárez, de un campesino o de un vagabundo. Esa es una parte de la magia que Del Paso nos regala con su obra y que es digna de admirarse.
Leer a Don Fernando del Paso significó para mí un reto y un compromiso que va más allá del deleite de la obra como tal; toparme con referencias históricas, geográficas o artísticas me obligó a investigar en otras fuentes para poder comprender el contexto de lo que el autor transmite, teniendo un gran impacto en mi percepción acerca de aquella época de la historia mexicana y también en mi cultura general.
Qué bonito leer libros que te atrapan desde las primeras páginas y que no puedes soltar o desprenderte de ellos aun tiempo después de haber terminado su lectura. Qué bonito que esos mismos libros tengan impacto en nuestra vida, marcando un antes y un después. Don Fernando es un autor de esos tantos libros que para mí significan bastante.
Por lo anterior, que me atrevo a citar a Galeano “… Iba siempre acompañada por los ecos de los ecos de aquellas lejanas voces que ella había escuchado, con sus ojos, en la infancia”. Les puedo asegurar, que a partir de que terminé Noticias del Imperio, voy acompañada por la voz de Carlota, de Maximiliano, de Juárez, del jardinero o del vagabundo; voces que Del Paso nos regala a través de un lenguaje y un estilo característico y único, lleno de magia y del corazón del autor.
¡Ay, Don Fernando del Paso! Qué grato es leerle.
Les comparto algunos fragmentos de los monólogos de Carlota:
Que digan, sí, que estoy loca. Pero no cuando les digo, no cuando les juro que vivo la hora de tu muerte: porque he ordenado que todos los relojes del castillo estén detenidos para siempre a las siete de la mañana, la hora en que esos bandidos acabaron con tu vida en el Cerro de las Campanas. No hay una recámara en Bouchout, no hay una sala en este castillo donde me tienen prisionera, un corredor, una ventana, en donde no sean las siete de la mañana de un diecinueve de junio de hace muchos años cuando tu sangre, Maximiliano, corrió por las faldas del cerro, y corrió por las calles de Querétaro y por los caminos de México y cruzó el mar por con un clamor inmenso. Puede la luna alumbrar las almenas y los parapetos de Bouchout, pueden las aguas del foso columpiar los reflejos del sol de mediodía, Maximiliano, pero en mi castillo y en mi cuarto, en el reloj de los ángeles azules de mi mesa de noche, en tu adorado reloj de Olmütz y en reloj de sol de la Isla de Lacroma y en mis ojos y en mi corazón son siempre, Maximiliano, las siete de la mañana.
[...] y claro, comencé a sofocarme, me ahogaba, me faltó el aire y aun así aguanté la respiración para seguir amándote, y sólo cuando empecé a sentir lo que fue al mismo tiempo el placer y la angustia más grande de mi vida ya no pude más, expulsé el aire que me abrasaba los pulmones y el alma se me escapó por la boca.



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