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A sangre fría. Truman Capote.



“El pueblo de Holcomb está en las elevadas trigueñas del oeste de Kansas, una zona solitaria que otros habitantes de Kansas llaman “allá”. A más de cien kilómetros al este de la frontera de Colorado, el campo, con sus nítidos cielos azules y su aire puro como el del desierto, tiene una atmósfera que se parece más al Lejano Oeste que al Medio Oeste. El acento local tiene un aroma de praderas, un dejo nasal de peón, y los hombres, muchos de ellos, llevan pantalones ajustados, sombreros de ala ancha y botas de tacones altos y punta afilada. La tierra es llana y las vistas enormemente grandes; caballos, rebaños de ganado, racimos de blancos silos que se alzan con tanta gracia como templos griegos son visibles mucho antes de que el viajero llegue hasta ellos.”

Así comienza “A sangre fría” una novela de no ficción, misma que se caracteriza por narrar como si fuese una novela hechos verídicos, resultado de una investigación a fondo. Suele confundirse con el género de novela histórica, que de igual manera narra acontecimientos que tuvieron lugar en el pasado y donde el autor no sólo reconstruye hechos basándose en su investigación, sino que los plasma de una forma elocuente y cautivadora para el lector, además de darle voz a cada personaje y construir alrededor de cada uno de ellos su psicología y pensamientos, esto último, a juicio y pluma del autor, haciendo de la realidad y la ficción, una sola voz.


La novela de no ficción, por su parte, no le suma ni le resta a la historia, el autor realiza arduo trabajo de investigación periodística, donde consulta archivos policiacos y artículos periodísticos, además de realizar entrevistas con los personajes principales y allegados etc., para después narrarla como si fuese una novela. A diferencia de la novela histórica, todo lo que leemos en la novela de no ficción pasó tal cual, los diálogos de los personajes no son alterados e incluso los sentimientos o pensamientos de los mismos no los adjudica el autor.



Es por eso que A sangre fría es más que un relato escalofriante que describe el asesinato de la familia Clutter el 15 de noviembre de 1959 en Holcomb, un pueblo pequeño al oeste de Kansas. A través de los testimonios de personas cercanas a la familia o de los habitantes del pueblo, conocemos al Sr. Clutter, su esposa y sus dos jóvenes hijos; Capote nos presenta su vida y los humaniza al grado de que el lector se siente en el ambiente tenso y triste de Holcomb de hace ya casi setenta años.

Familia Clutter. Bonnie,Kenyon,Nancy y Herbert Clutter.


Además, Capote no sólo hace un trabajo magnífico al narrar los hechos y darles voz a las víctimas, también humaniza a los asesinos: Dick Hickock y Perry Smith, dos ex convictos que estaban en libertad bajo palabra; conocemos sus historias, los motivos que los llevaron a perpetrar el crimen y sus pasos después del mismo hasta el día de su ejecución.
Capote tiene el poder de causar un cúmulo de emociones en 399 páginas (según mi edición De bolsillo); es una novela cruda, tanto por el asesinado descrito como por el retrato de los asesinos (incluyendo sueños y anhelos) y su historia. En ningún momento justifico el crimen que cometieron, pero Capote logra humanizarlos al grado de que sentimientos encontrados salieron a flote tras la lectura: indignación y compasión, ya que el autor da una perspectiva bastante amplia e imparcial de los hechos, viendo desde varios puntos de vista una historia trágica para los Clutter, los habitantes de Holcomb, los asesinos y sus familiares.

Dick Hickock y Perry Smith

En resumen, es un libro merecedor de un lugar especial en el librero. Ya tenía el gusto de conocer la obra de Truman Capote, pero con A sangre fría aprecié una faceta del autor muy diferente a la que experimenté en Desayuno en Tiffany's, esto me hizo valorarlo y respetarlo aún más.

Frases interesantes o fragmentos que quedaron con una pestaña de indicador en el libro para compartir, son muchos, pero prefiero omitirlos; el hecho de transcribir algo que en realidad se dijo relacionado con un acontecimiento tan delicado que me consternó me causa un conflicto interno, no creo que sea lo correcto. Pero les dejo un dato interesante, ese parrafito sí se los comparto con todo e imagen, para que se animen a leer a Capote, claro, si aún no lo hacen.


El alguacil del tribunal llevó al juez el veredicto sellado. Los silbidos de una locomotora, el estruendo del expreso de Santa Fe que se acercaba, penetraron en la sala. La voz de bajo de Tate se entremezcló con la estridencia de la locomotora al leer:
̶̶̶  Cargo primero. Nosotros, miembros del jurado, declaramos al acusado Richard Hickock, culpable de asesinato en primer grado y lo condenamos a muerte.
Entonces, como interesado en su reacción, miró a los detenidos, de pie ante él, unidos por las esposas a sus respectivos guardianes. Impasibles, le devolvieron la mirada hasta que reanudó la lectura y leyó los siete cargos que seguían: otras tres condenas para Hickock y cuatro para Smith.
̶̶̶  … y lo condenamos a muerte.
Cada vez que llegaba la sentencia Tate la pronunciaba con voz tétrica y cavernosa, que parecía el eco del lúgubre silbido del tren que se alejaba. Luego, despidió al jurado (“Cumplieron valientemente con su deber”) y los condenados fueron sacados de la sala. Al llegar a la puerta, Smith le dijo a Hickock:
̶̶̶  ¡No tenían corazón de gallina ésos, no!
Ambos rieron ruidosamente y un fotógrafo los fotografió. La foto apareció en un diario de Kansas con un pie que decía: “¿La última risotada?”.






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