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A la sombra del Ángel, Kathryn S. Blair.








Hay libros que marcan, algunos por los temas que abordan y las reflexiones que nos dejan, causando un verdadero impacto en nuestra vida; otros, por la historia que hay detrás de ellos, una que va más allá de las páginas que hacen volar la imaginación y vibrar los sentidos.  El libro que hoy reseño tiene estas dos cualidades, me ha marcado con su lectura y tiene una historia que va más allá de la que se cuenta en sus páginas.

¡Ay, si los libros hablaran! ¿Cuántos relatos contarían, más allá de los que guardan sus páginas? Pienso en las historias de las personas que cargan sus libros a todos lados, llevándolos como acompañantes en el café o en la intimidad de su alcoba; imagino que esos libros son parte de escenas que en algún momento superan a la realidad, participan como simples espectadores, testigos mudos de la vida de sus lectores. Este libro, es uno de ellos... 

Estuve postergando mucho tiempo la reseña de esta obra, incluso pensé en no escribirla, pasar por alto la experiencia de su lectura; el obviar lo mucho que me dejó el libro y no reseñarlo es como negar una parte de mi misma e ir en contra de lo que amo: leer y compartir. Después de mucho meditar, concluí que estas líneas son una carta de despedida, para cerrar ciclos, para cerrar el libro de aquella historia pendiente que por falta de coraje no me animaba a terminar. 


A la Sombra del ángel es un libro especial no sólo por la manera en que llegó a mis manos, la forma en la que cada palabra que leía tocaba mi corazón y esa empatía, ese clic que hice con la protagonista me marcó.

Es una novela histórica acerca de la vida de María Antonieta Rivas Mercado, “Tonieta” como la llamaban de cariño, era hija de Don Antonio Rivas Mercado, si les suena el nombre es porque el Sr. Pasó a la historia gracias a su aporte arquitectónico en la ciudad de México en tiempos del porfiriato edificando “El ángel de la independencia”. 



Antonieta fue una figura muy influyente e impulsora del arte y la cultura en México, también defensora del voto femenino y una mujer muy inteligente y con un gran, gran corazón; al menos esto último nos deja ver la autora, nuera de la protagonista. 

Blair documenta y revive a Tonieta con una narrativa exquisita y fluida. Conocemos a Tonieta niña, sufriendo la segregación maternal a causa de su tez morena; la vemos crecer tempranamente a raíz de su experiencia en la etapa de la Revolución mexicana, donde la autora muestra otra cara de la moneda en la historia, en donde la sociedad  porfirista también tiene su versión de los hechos. Vemos crecer a Tonieta, cómo se enamora del arte, cómo se convierte en madre… la acompañamos hasta su muerte.

Su vida, corta pero intensa se apagó a los 30 años; los problemas que la ahogaron, la desilusión que le provocó el haberle entregado su apoyo incondicional, su corazón y su vida a José Vasconcelos (sí, el mismito ilustre mexicano) el estar a punto de perder los derechos sobre su hijo y las ilusiones perdidas fueron motivos que orillaron a que María Antonieta se quitara la vida disparándose frente a un altar en la Catedral de Notre Dame en París.



La vida de María Antonieta es apasionante, no encuentro otra forma de describirla; me tocó el alma al leerla y me sigue persiguiendo la historia de aquella mujer que entregaba el corazón al arte y a los que la rodeaban. Definitivamente de los mejores libros que he leído este año y que no podía dejar de compartir.

Recientemente restauraron la casa de los Rivas Mercado en la ciudad de México, convirtiéndola en museo; espero visitarla pronto, ya les platicaré la experiencia de estar en el lugar que vio crecer a Tonieta. Y algún día, tal vez, vuelva a las páginas que reviven a María Antonieta Rivas Mercado, aquella mujer mexicana que vivió con pasión y entregó su corazón al arte y a México.


Como siempre, les dejo unos fragmentos de la novela…

Anhelo beber sol, agua, cielo, silencio… rodearme de paz como un indio en su sarape. Y dejar pasar, dejar pasar.

El mundo se detuvo cuando ella tendió la mano y lo tocó; una sensación fluyó desde su coronilla hasta la punta de los dedos de sus pies, a través de ella y a su alrededor. Volvió a tocarlo. Amor.

Por debajo del nivel consciente, Antonieta batallaba con su propia naturaleza contradictoria. Anhelaba relaciones próximas y al mismo tiempo alejaba a la gente. No ignoraba que había hombres atraídos por ella, pero guardaban sus distancias. […] No comprendía que su propia inteligencia obstaculizaba el camino. A los hombres no les gusta sentirse pequeños en presencia de una mujer.

De repente, Antonieta le tomó la mano mirándolo con aquellos ojos que… ­­– ¿Cómo lo había expresado Beto?— “guardaban esa oculta memoria sufrida que brilla en los ojos mexicanos”. La había visto en tantos ojos, esa mirada que trascendía la realidad creando su propio pasaje interno. En su imaginación, ¿qué veía ella? En la imaginación de él, esta mujer que él había procreado, que era la más mexicana de todos sus hijos, ayudaría a plantar el desierto cultural de esta tierra que ambos amaban. De repente, la visión de un Ángel dorado llenó su mente. Su Victoria, ese símbolo que había erigido para alentar el corazón del mexicano. Cuántas veces había caído México para levantarse de nuevo… Cuántas veces… Cerró los ojos. La vida se le iba acabando como esa victrola cuando no le daban cuerda.

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