Bomarzo llegó a mí gracias a una recomendación,
recuerdo que en algún grupo compartí mi experiencia con la lectura de Fernando
del Paso y a raíz de eso aquello que quedó en un principio como un título
recomendado con un entusiasmo por un lector y seguidor de la novela histórica
culminó en una de las mejores experiencias de lectura que he tenido este 2018,
sin agraviar a Don Fernando del Paso, que también tiene su magia en las letras
¡y qué magia!
Durante dos meses Mujica Lainez,
el Duque Orsini y sus monstruos me acompañaron en el trabajo, la universidad,
en la eterna espera en la fila del banco, en un consultorio médico o en la
intimidad de mi recámara… Durante dos meses Bomarzo me hizo compañía y me perseguía
e incluso después de haber terminado su lectura, me sigue persiguiendo.
Manucho (como también se le
conoce al escritor argentino) recrea la vida del jorobado Pier Francesco Orsini,
Duque de Bomarzo; retrata la vida y la psicología del protagonista de una
manera magnífica. Narrada en primera persona, conocemos a un Vicino que desde
niño cargaba con sus complejos alimentados por la crueldad y el rechazo de su
padre y hermanos, pero también que contaba con el amor y la protección de su
abuela y amigos florencianos. Se ve la evolución del personaje desde su niñez
hasta la edad madura, comprendiendo el porqué de las esculturas alegóricas
pulidas en sus dominios, donde proyectó sus traumas, sus miedos y sus deseos.
Los monstruos esculpidos en las
piedras de Bomarzo, otorgaron al Duque la inmortalidad que persiguió gran parte
de su vida, aquella que se profetizó en su horóscopo el día de su nacimiento y
que él mismo interpretaba como una eternidad carnal, terrenal. En Bomarzo,
Mujica Lainez le da vida a Vicino después de seis siglos y lo inmortaliza con
sus palabras.
La obra de Manucho no puede ser
catalogada como un libro del montón, hay muchos aspectos que lo destacan y lo
hacen especial. En primer lugar, siendo novela histórica hay que valorar la
investigación que el autor hizo no sólo de la vida del protagonista, sino
también del entorno en el que se desenvuelve la historia. Manucho nos
transporta a una Italia renacentista en el siglo XV con perspectivas y
referencias políticas, religiosas, históricas, geográficas y artísticas.
El estilo de narración de Manucho
me abdujo totalmente, la complejidad y la pasión con que fue escrita Bomarzo se
hace evidente en cada una de las páginas, logrando no sentir el paso de las
mismas ni del tiempo.
Bomarzo se suma como un tesoro en
mi librero, apuesto a que aquél que ose en introducirse en sus páginas, no
saldrá ileso de ellas; es una de esas obras que dejan huella.
Por último les dejo una frase
matona del libro, para que les den más ganas de leerlo…
“El propio Samuel trazó sobre las
palabras SIC ERIS FELIX, las sentencias: NOSCE TE IPSUM; VINCE TE IPSUM y VIVE
TIBI IPSUM; así serás feliz: conócete a ti mismo, véncete a ti mismo; vive para
ti mismo. Yo. Yo mismo, siempre yo mismo, conociéndome, venciéndome y viviendo
para mí y para alcanzar la felicidad.”


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