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Alejandra Pizarnik, poesía que toca el alma.





¿Y si nos vamos anticipando
de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza?


Así comienza uno de los tantos poemas que han hecho vibrar mi alma al refugiarme en la lectura de la obra de Pizarnik, misma que ha hecho que reafirme mi postura respecto a la poesía: No hay que buscar entenderla, hay que sentirla; y es que leer y sentir la poesía de Pizarnik es toda una aventura, acaba uno por encontrarse a sí mismo.

Ha pasado tiempo desde que llegué a las palabras de Pizarnik, el encontrarme con su poesía no podría ser otra cosa que una bonita casualidad del destino; desde que la comencé a leer en una pequeña antología de poemas titulada “En esta noche, en este mundo” no dejé de buscar sus obras, me envicié con sus palabras, fue y sigue siendo un refugio para lo absurda que puede llegar a ser mi realidad.



Tengo en mis manos su “Poesía completa” y sus “Diarios”, recurro a ellos cada que siento la necesidad de encontrarme en sus palabras, aquellas que están cargadas de pasión y melancolía, de desasosiego y esperanza, en donde temas que todos conocemos pero no comprendemos en su totalidad salen a relucir: muerte, soledad, tristeza, amor desmesurado; Pizarnik da un sentido a todos esos sentimientos cuando perdemos lo que amamos y en esa pérdida, nos consumimos y nos encontramos.


“(…) sé de una manera visionaria que moriré de poesía…“ Lo predijo en una de sus memorias, si bien es cierto que la poesía acabó por consumirla, también la inmortalizó sin reservas ni falsas apariencias, se entregó a ella totalmente, dejando su esencia en cada verso; a 46 años de no estar en este mundo terrenal, sigue viva en sus obras y es trabajo de nosotros, sus lectores, mantenerla así, tan viva y tan intensa como se deja ver en sus letras.

¡Gracias por tanto, Alejandra! Nos seguimos viendo en cada una de tus páginas, para leerte y sentirte, para encontrarme en tus palabras. 

Les dejo el poema completo con el que inicié este pequeño escrito acerca de mi poeta favorita…




Mucho más allá.
Alejandra Pizarnik.

¿Y si nos vamos anticipando
de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza?

¿Y qué?
¿Y qué me das a mí,
a mí que he perdido mi nombre,
el nombre que me era dulce sustancia
en épocas remotas, cuando yo no era yo
sino una niña engañada por su sangre?

¿A qué , a qué
este deshacerme, este desangrarme,
este desplumarme, este desequilibrarme
si mi realidad retrocede
como empujada por una ametralladora
y de pronto se lanza a correr,
aunque igual la alcanzan,
hasta que cae a mis pies como un ave muerta?
Quisiera hablar de la vida .
Pues esto es la vida,
este aullido, este clavarse las uñas
en el pecho, este arrancarse
la cabellera a puñados , este escupirse
a los propios ojos, sólo por decir,
sólo por ver si se puede decir:
"¿es que yo soy? ¿ verdad que sí ?
¿no es verdad que yo existo
y no soy la pesadilla de una bestia?".

Y con las manos embarradas
golpeamos a las puertas del amor.
Y con la conciencia cubierta
de sucios y hermosos velos,
pedimos por Dios.
Y con las sienes restallantes
de imbécil soberbia
tomamos de la cintura a la vida
y pateamos de soslayo a la muerte.

Pues esto es lo que hacemos.
Nos anticipamos de sonrisa en sonrisa
hasta la última esperanza.

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